365 Días, 365 Destinos — Día 1: San Miguel De Allende
- Rodolfo Anzaldua
- 29 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Hay viajes que empiezan mucho antes de llegar al destino. Este empezó con unas quesadillas y un sope en Barbacoa Santiago, apenas pasando la caseta de palmillas, entre la CDMX y Querétaro, mientras degustaba el delicioso sope, con queso gratinado y con una salsa de la casa que no dejaba de deleitar mi paladar comenzó una conversación que no estaba en el itinerario.
Una mujer de chaleco azul —María, según supe después— que disfrutaba un delioso café humeante mientras veía su celular, me preguntó a dónde iba.
—San Miguel de Allende —le dije.
Sonrió como quien reconoce un secreto bien guardado.
—Ah… ahí el tiempo camina despacio —respondió—. No se le olvide mirar hacia arriba.
No entendí del todo hasta horas después.
Cómo llegar a San Miguel de Allende
✈️ Desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM)
San Miguel no tiene aeropuerto comercial propio, así que el viaje continúa por tierra. Hay varias formas cómodas de hacerlo:
Opción 1: Autobús Desde el AICM puedes tomar un taxi autorizado o transporte por app hacia la Terminal de Autobuses del Norte. El trayecto toma alrededor de 45–60 minutos dependiendo del tráfico.
En la terminal, las líneas ETN y Primera Plus ofrecen corridas directas a San Miguel de Allende. El viaje dura entre 3.5 y 4 horas, con asientos amplios, Wi‑Fi y café a bordo.
Opción 2: Auto rentado Si prefieres manejar toma tu vehículo, bien, renta un auto en el aeropuerto y toma la Autopista México–Querétaro (57D). Al llegar a Querétaro, sigue las indicaciones hacia San Miguel de Allende por la carretera Querétaro–San Miguel (111).
⏱️ Tiempo estimado: 3.5 a 4 horas💡 Consejo: considera el pago de casetas y carga efectivo o TAG.
🚗 Saliendo por carretera desde la Ciudad de México
Salir temprano es clave. La autopista 57D es noble si se le respeta el horario.
Un vendedor de café en una gasolinera cerca de San Juan del Río me dijo:
—Si sale antes de que despierte la ciudad, llega antes de que San Miguel bostece.
Tenía razón.
Primer encuentro con San Miguel
San Miguel de Allende no se presenta, se deja descubrir.
Las calles empedradas obligan a caminar lento. Las fachadas ocres, amarillas y terracotas parecen competir por la luz. Y entonces, de pronto, aparece ella: la Parroquia de San Miguel Arcángel, rosa, neogótica, imponente.
Recordé a María, la del café y el celular.
Miré hacia arriba.

Lugares imperdibles
⛪ Parroquia de San Miguel Arcángel
El corazón del pueblo. Visítala de día y regresa de noche. Son dos experiencias distintas.
🌿 Jardín Principal
Músicos, globos, vendedores de nieves y parejas sentadas en bancas. Aquí San Miguel respira.
Una señora llamada Lupita me vendió una nieve de garambullo.
—Pruébela —me dijo—. Es ácida, como los amores que sí valen la pena.
🏛️ Museo Histórico Casa de Allende
Para entender por qué este lugar también es historia viva.
🌄 El Mirador
Sube al atardecer. La ciudad se vuelve un mosaico de colores suaves y campanas lejanas.
🎨 Fábrica La Aurora
Un antiguo complejo textil convertido en galerías de arte, diseño y cafés. Ideal para perderse un par de horas.
Actividades que se quedan en la memoria
🎈 Vuelo en globo aerostático
Ver amanecer desde el aire es entender por qué tantos se quedan a vivir aquí.
🛍️ Mercado de Artesanías
Textiles, latón, papel picado y cerámica. Pregunta por quién lo hizo; siempre hay una historia detrás.

🧘♂️ Spa y aguas termales
Perfecto para bajar el ritmo y escuchar al cuerpo.
🍷 Catas de vino y tequila
Viñedos cercanos ofrecen experiencias íntimas y bien cuidadas.
Dónde comer (y quedarse un rato más)
🍽️ The Restaurant
Alta cocina mexicana contemporánea con vista al centro.
🌮 El Pato Barbacoa
Tradicional, sin pretensiones. Barbacoa que se deshace sola.
🧀 Moxi
Propuesta creativa con ingredientes locales. Ideal para cenas largas.
☕ Café de la Mancha
Para desayunar lento o escribir postales que tal vez nunca mandes.
🍨 Lavanda Café
Dulces franceses, ambiente acogedor y mesas que invitan a quedarse.
San Miguel no se visita, se conversa
Antes de irme, un bolero en el Jardín Principal me dijo mientras limpiaba mis zapatos:
—Aquí todos llegan por algo… y se van con algo distinto.
San Miguel de Allende fue el primer día de este viaje de 365. Y como los buenos comienzos, no gritó. Susurró.
Mañana, otro destino. Pero hoy, todavía huelo la cantera caliente y el café recién hecho.
Y sigo mirando hacia arriba.





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