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Día 10: Barcelona, España 🇪🇸

Barcelona se vive con los sentidos abiertos. Y ya tuve la oportunidad de vivirla en varias ocasiones.


Para platicar de Barcelona tengo que volver a viajar en el tiempo, allá por el año de 1998.

El día empieza con luz clara, con calles que ya huelen a café y a pan recién hecho. Para los que saben el olor es a cebada tostada. La ciudad se mueve temprano, pero sin prisa. Aquí caminar es una forma natural de entenderlo todo. Ir en verano es la mejor opción, en el invierno las calles estrechas del Barrio Gótico que tienen un olor mineral, a piedra antigua y humedad que nunca termina de secarse porque el sol no llega al suelo. Barcelona es un puerto y como tal el salitre se hace presente en muchas de las construcciones que se levantan en el lugar, si uno pone atención puede notar ese aroma salino y yodado en el ambiente.

En una esquina del Eixample, un señor acomodaba mesas frente a su cafetería. El Eixample es el barrio central de Barcelona mismo que es resguardado desde hace mucho tiempo por la todavía inconclusa Catedral de la Sagrada Familia.


Caminaba a paso veloz frente a él y casi tropiezo al querer esquivar a unos turistas que caminaban en sentido contrario al mío, el mesero rio un poco de manera natural, sin burlarse.


—Barcelona se recorre mejor despacio —me dijo mientras alineaba las sillas—. Si corres, te pierdes cosas.


Decidí creerle y disfrutar las calles de Barcelona.


Gaudí y la imaginación hecha piedra

Barcelona conversa constantemente con Antoni Gaudí. Es más, no se puede hablar de Barcelona sin mencionar a Gaudí.


La Sagrada Familia aparece como una idea viva. Sus torres apuntan al cielo con una mezcla de fe, geometría y fantasía. Entrar es mirar hacia arriba todo el tiempo. La luz entra de colores y convierte el silencio en algo profundo. Eso sí, si quieres entrar, hay que comprar las entradas antes en línea para asegurar que puedas entrar a disfrutarla desde las entrañas.


Un guía comentaba en voz baja:

—Esto no se termina, se continúa.

Y esa frase se queda contigo.


Más tarde, el Parque Güell confirma que la arquitectura también puede ser juego. Bancas ondulantes, mosaicos, vistas amplias de la ciudad. Todo invita a sentarse, observar y quedarse un rato más.


Las Ramblas y el pulso de la ciudad

Las Ramblas se caminan mirando a todos lados.

Hay músicos, flores, caricaturistas, turistas y locales que atraviesan la avenida como si fuera parte de su rutina diaria. Aquí Barcelona muestra su cara más abierta.


Un joven vendía agua fría.

—Hace calor, pero vale la pena caminar —dijo.


Muy cerca, el Mercado de la Boquería despierta el apetito. Fruta cortada, jamón, mariscos, colores que invitan a probar algo sin pensarlo demasiado.


Pero si una cosa les puedo recomendar es si, visitar las Ramblas, pero no quedarse sólo con ellas, hay que recorrer más barrios de Barcelona.


Montjuïc y la ciudad desde arriba

Subir a Montjuïc cambia la perspectiva, es como entrar a una burbuja de aire freso donde los olores de la ciudad desaparecen y se siente el aroma a vegetación de distintos tipos.Desde aquí, Barcelona se entiende mejor: el puerto, el mar, los barrios que se acomodan con orden y carácter. El aire corre distinto y el tiempo se estira.


El Castillo de Montjuïc ofrece vistas amplias y una caminata tranquila. Más abajo, las fuentes y los jardines acompañan el recorrido.


Una pareja local descansaba en el pasto. En esa ocasión iba con mi hermano. Decidimos reposan en el jardín cerca de la pareja, afortunadamente, eran fáciles de palabra como yo.

—Aquí venimos cuando queremos respirar —me dijeron.


Comer bien es parte del plan

Comer en Barcelona es sumergirse en un diálogo constante entre la tradición del mercado y la vanguardia gastronómica. El aroma del hilo de aceite de oliva sobre un pa amb tomàquet crujiente convive armoniosamente con el bullicio de La Boquería, donde el frescor del marisco del Mediterráneo se mezcla con el dulce perfume de la fruta de temporada. Desde las tabernas centenarias del Gòtic, donde el tiempo se detiene ante una cazuela de suquet de peix, hasta los locales de autor en el Eixample que reinventan la tapa clásica, la ciudad ofrece un festín que se saborea con los cinco sentidos. En Barcelona, la mesa no es solo comida; es un estilo de vida que celebra el producto de proximidad y el placer de compartir cada bocado bajo el sol mediterráneo.


Algunas recomendaciones:

  • El Xampanyet: pequeño, animado, ideal para tapas y cava.

  • Can Culleretes: tradición y platos catalanes bien servidos.

  • Tickets / Bodega 1900 (si hay oportunidad): creatividad y sabor.

  • La Paradeta: mariscos frescos que eliges y te preparan al momento.


Para el café o algo dulce, cualquier panadería local cumple con creces. Aquí el día siempre admite una pausa más.


En 1998, una de las primeras paradas que hicimos mi hermano y yo al llegar a Barcelona fue al Hard Rock Café, aquí sucedió una de las anécdotas favoritas de mi vida. Entramos al restaurante con la prisa que llevaba cuando tropecé en Eixample, nos sentamos en la barra central del restaurante y cuando el bar tender se acercó a preguntarnos que queríamos contesté severamente:

 

—Una Michelada.

 

Su cara de confusión lo dijo todo, no estaba seguro de que es lo que le estábamos pidiendo. Tuve que explicarle paso a paso como preparar la tradicional bebida mexicana. Nos tomamos una mi hermano y yo, luego él se preparó una discretamente detrás de la barra.

 

Cuando pedimos la cuenta nos contestó con una sonrisa:

 

—Ustedes hoy no pagan nada –

 

Ante nuestra incredulidad nos dijo:

 

—Aquí los que me enseñan a preparar una bebida no pagan.

 

Bebimos gratis en el HRC de Barcelona gracias a nuestra filosofía, y mi papá que nos decía que beber no nos iba a dejar nada bueno.


La ciudad que se queda

Al caer la tarde, Barcelona baja el volumen sin apagarse.

Las plazas se llenan, las conversaciones se alargan y la ciudad se siente cercana, viva, cómoda.

Un mesero, mientras dejaba la cuenta, dijo:

—Barcelona siempre invita a volver.

Y volví, muchos años después.

Este fue el Día 10.

Diez destinos, diez formas distintas de caminar el mundo.

Mañana, seguimos.

 
 
 

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