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Día 11: Zacatecas, México 🇲🇽

Día 11: Zacatecas, México 🇲🇽

Llegar a Zacatecas es parte del viaje. Un cliente de mi agencia de viajes me preguntó:

—¿Zacatecas queda lejos?

Levanté la vista, como midiendo la respuesta.

—Queda lo suficientemente lejos como para que valga la pena —dije, al tiempo que le dedicaba una sonrisa como de complicidad.


Llegar por aire

El Aeropuerto Internacional General Leobardo C. Ruiz recibe vuelos desde Ciudad de México y otras ciudades importantes. Es pequeño, funcional y directo. Desde ahí, el trayecto al centro toma alrededor de 30 minutos en taxi o transporte privado. Conforme el auto avanza, los cerros empiezan a aparecer y la piedra anuncia que la ciudad está cerca.


Llegar por carretera desde CDMX

Salir de la Ciudad de México rumbo a Zacatecas es un viaje que se disfruta con calma. La ruta más común pasa por Querétaro y San Luis Potosí, en un trayecto de aproximadamente 7 horas, dependiendo del ritmo y las paradas.


Yo hice una pausa para café en el camino en un Oxxo que quedaba en el trayecto.

—¿Va lejos? – Me preguntó la que atendía una de las cajas (para sorpresa mía estaban las dos cajas abiertas)

—A Zacatecas.

—Buen destino —respondió la mujer—. Allá el tiempo camina distinto. Es mi ciudad favorita— agregó.


La carretera se vuelve más abierta, el paisaje más seco y el cielo más grande. Poco a poco, la ciudad aparece entre montañas, compacta, firme, hecha de piedra.

Llegar así ayuda a entenderla desde antes de bajarte del coche.

Zacatecas se levanta con firmeza.


La ciudad aparece entre cerros como una composición de piedra rosada que cambia de tono con la luz del día. Aquí la arquitectura es de verdad imponente. Cada calle confirma que este lugar se construyó para durar siglos.


Al llegar, me acerqué a un vigilante del centro histórico.

—¿Siempre se ve así de seria la ciudad?

—Así se ve… y así se siente —respondió con una sonrisa corta—. Zacatecas tiene memoria larga, al tiempo que sostenía con ambas manos el cinturón, como para darse más importancia, para mi siempre la gente del lugar es la más importante, porque si bien cada ciudad es diferente, son los ciudadanos los que le dan personalidad a cada sitio.

 

La piedra que lo cuenta todo

La cantera rosa es la gran protagonista. Con ella se levantaron templos, edificios civiles y callejones que hoy definen el carácter de la ciudad. No es un rosa delicado; es un tono sólido, mineral, que al atardecer se vuelve casi dorado.

La Catedral Basílica de Zacatecas concentra esa fuerza. Su fachada barroca parece tallada con paciencia infinita. Mirarla de cerca es descubrir detalles nuevos a cada paso.

—¿Cuánto tiempo cree que tardaron en hacer esto? Le pregunté a un bolero que estaba sentado en su asiento, esperando un cliente.

—Más del que uno imagina… y menos del que merecía —me dijo un guía señalando la cantera.

Me hubiera boleado los zapatos con él para platicar y dejar que el tiempo avanzara, pero llevaba tenis.


Calles que guardan historias

Caminar Zacatecas es entrar en relatos que se cuentan en voz baja. En un callejón estrecho pregunté:

—¿Aquí pasan cosas raras?

—Aquí pasan desde siempre —respondió una señora que barría su puerta—. Nada más hay que saber escuchar.

Las historias de fantasmas viven en las casonas antiguas, en los antiguos hospitales, en los túneles que conectan la ciudad. No buscan asustar: buscan ser recordadas.

 

El encierro de Miguel Hidalgo

Pocos lo saben, pero Miguel Hidalgo estuvo encarcelado en Zacatecas. En el antiguo Colegio de San Luis Gonzaga, hoy parte del centro histórico, pasó tiempo privado de su libertad antes de su traslado definitivo. El espacio conserva una solemnidad distinta. Aquí la historia se siente cercana, humana.

—Imagínese pensar tanto tiempo sin saber qué iba a pasar —comenté.

—Aquí se piensa mucho… aunque uno no quiera —respondió el custodio del lugar.


Vistas que explican la ciudad

Subir al Cerro de la Bufa acomoda todo. Desde arriba, Zacatecas se entiende: compacta, sólida, protegida por montañas. El viento corre constante y la vista se queda grabada. La vista es magnífica pareciera que se tratara de una pintura, con la mancha urbana en primer plano y los cerros tímidos como vigilando a lo lejos.



Comer en Zacatecas

La comida aquí es otra cosa. Si quieres probar algo del lugar tienes que probar el Asado de Boda. Es el rey de la mesa zacatecana. Es un guiso de lomo de cerdo en una salsa de chiles anchos y guajillos con un toque dulce de chocolate y jugo de naranja. Se llama así porque es el plato tradicional que se sirve en las bodas y porque es Asado. Jejeje.


También si andas dudoso tienes que probar las Enchiladas Zacatecanas que se preparan con una salsa a base de chile poblano y nata, rellenas de lomo de cerdo deshebrado. Son cremosas y muy distintas a las de otros estados.



Otro platillo clásico con los Tacos Envenenados No te asustes por el nombre; son deliciosos. Son tacos de tortilla grande rellenos de papa, frijol, queso y a veces chorizo o bistec, que se fríen en manteca. Se dice que el nombre viene de un vendedor que bromeaba diciendo que si no regresaban por más, era porque estaban "envenenados".


Algunas recomendaciones más gourmet:

  • La Leyenda: cocina zacatecana bien presentada, ideal para probar asado de boda.

  • El Mesón de Jobito: tradición, buen ambiente y platillos locales.

  • Acropolis Café: opción más ligera, perfecta para desayunos.

  • Gorditas Doña Julia: sencillas, contundentes y memorables.


Dónde quedarse

Zacatecas ofrece hospedaje con carácter:

  • Hotel Quinta Real Zacatecas: instalado en una antigua plaza de toros; experiencia única. Yo me quedé en una ocasión aquí y es una auténtica maravilla. Gran atención e instalaciones de primera que contribuyen una experiencia única.

  • Hotel Emporio Zacatecas: céntrico y cómodo, ideal para recorrer a pie.

  • Mesón de Jobito Hotel: encanto histórico y buena ubicación.


Zacatecas se camina con atención.

Es una ciudad que pide pausa, mirada larga y silencio ocasional. Aquí la historia no se exhibe: convive.

Antes de irme, volví a preguntar:

—¿Zacatecas se entiende en una sola visita?

—Se empieza —me respondieron—. Entenderla lleva tiempo.

Ahora tengo que regresar.

Este fue el Día 11.

Once destinos y una certeza: hay ciudades que no se explican, se escuchan.

Mañana, seguimos.

 

 
 
 

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